6 de Agosto ¿Bolivia cambia?
Floren Sanabria G.
El aniversario patrio nos encuentra con un clima de tensión y desunión entre bolivianos, con una Constituyente caótica de pocas luces que ojalá no desintegre la nación. Falta de autoridad y contemplación gubernamental dan paso a la provocación, el separatismo, enfrentamiento entre regiones y de chuquisaqueños contra paceños. Hay amenazas de autonomías de facto y cabildos departamentales, inflación galopante con alza en el costo de vida, por otro lado, el contrabando y narcotráfico se incrementan. Hay bloqueos de caminos y marchas callejeras que perjudican.
El país no ha tenido progreso y desarrollo en 182 años de vida independiente. Esta es una verdad que duele por la vieja política, mala preparación, audacia de muchos de nuestros mandatarios -con ciertas excepciones- y la incapacidad de la generalidad de nuestros diplomáticos, parlamentarios que determinaron y determinan que nuestra Patria, desde las guerras sostenidas incluidos otros litigios menores, perdiera una enorme cantidad de territorio y hasta su litoral.
La unidad, base de todo progreso, de toda labor eficaz en procura del desarrollo y del bienestar, nunca fue una cualidad que distinguiera a los bolivianos. La polítiquería que todo lo divide y complica es en nuestra nación -ahora y siempre- factor negativo que corrompe, impidiendo el progreso de las más nobles causas y los más patrióticos anhelos. Fruto de ella es nuestra actual dependencia e injerencia de países “amigos” como Cuba y Venezuela, que constituyen -con su supuesta ayuda- el más grande obstáculo para nuestra liberación económica y para el engrandecimiento real del país.
Hablar de progreso cuando un 70 por ciento de la población es analfabeta, resulta en verdad irrazonable. Grandes extensiones de territorio en Santa Cruz, Potosí, Oruro, Beni, Pando, Norte de La Paz y el altiplano se hallan totalmente desvinculadas de las demás poblaciones. Los campesinos, pueblos rurales y regiones originarias que existen en los restantes distritos son extremadamente pobres. Los mineros, cuyo trabajo proporciona al país la mayor parte de sus ingresos económicos, viven en chozas miserables y degradantes al igual que miles de indígenas en el altiplano, valle y trópico; la desocupación crece determinando desesperante indigencia en los hogares de la clase media y humildes, todo como fruto de cerca de 185 años de política barata, incapacidad, incompetencia, desaciertos que conspiran para que esta Patria, llamada a mejores destinos, sea ahora, nada más ni nada menos que una de las más pobres y atrasadas del continente.
No es entonces día de regocijo, de campanas echadas a rebato ni de dobles discursos, lo que corresponde más bien, a todos sin excepción, es un examen de conciencia, un análisis sereno de todo lo que se pudo hacer y no se hizo, una promesa firme ante el altar de la Patria humillada, en sentido de pensar de hoy en adelante, más en la tierra de nuestros mayores que de nuestros particulares intereses y partidarios, de esforzarnos por contribuir, aun con un grano de arena al desarrollo nacional que en verdad debe empezar ahora por el bienestar de nuestros hijos.
Con esos propósitos, con la intención firme de trabajar más y mejor, con el pensamiento puesto en la Patria que nos fue legada soberana y sin compromisos, propongámonos hoy -día grande entre los grandes- a trabajar a ritmo sostenido con sentido de patria hasta vencer, para lograr unidos la grandeza de Bolivia.