Sobre los Ponchos Rojos
Aldo Luna Maceda
Para considerar los antecedentes de este grupo de campesinos organizados nos remontamos a la época precolonial, que significó opresión y servilismo en la historia de Bolivia.
Los indígenas bolivianos habían sufrido cinco siglos de esclavitud, inclusive desde antes de que llegaran los españoles habían gemido por la dictadura de los incas. Cuando los ibéricos ingresaron a estas tierras americanas, los originarios eran tratados peor que animales, al extremo de que el rey de España emitió una ley para levantar el título de animales que pesaba sobre ellos, pero igual morían por millares en minas y haciendas, porque a nadie le importaba. En la guerra de los 16 años iniciada por Pedro Domingo Murillo y sus patriotas se hablaba de libertad para los criollos y mestizos, sin referirse a los indígenas. Manuel I. Belzu, que se decía defensor de masas y gente pobre, se rodeó de cholos vengativos, jamás de indígenas.
El tirano Mariano Melgarejo fue el enemigo más grande de los indígenas y quería aplastarlos. Otros gobernantes se decían amigos de los indígenas, pero no los trataban de igual a igual. Sin embargo los indígenas querendones de la tierra que los vio nacer siempre estaban prestos a defender los ideales de libertad y con patriotismo participaron en gran número en las batallas de Yanacocha y Socabaya ayudando al Mariscal Andrés de Santa Cruz, también contribuyeron a la victoria en Ingavi. Indígenas andinos murieron en la batalla del Campo de la Alianza en 1879.
Estos mismos defendieron el Acre y su actuación fue brillante en la Guerra del Chaco contra los paraguayos, quienes son testigos del empuje y valentía que demostraron en combate, como en Boquerón, Nanawa, Alihuata, donde ofrendaron sus vidas en defensa del territorio boliviano. Ellos eran utilizados como pongos, sirviendo gratis a sus dueños y azotados por cualquier falta que hicieren, tratamiento inhumano. No tenían derecho a tener tierras ni dinero. Se les cerraba las puertas de las escuelas, bibliotecas, universidades. Se los tildaba de sucios, traidores, viciosos por masticar coca, falaces y criminales. Se los calificaba de bestias sin Dios y sin alma.
Hasta que fueron liberados de esa esclavitud por un movimiento social que cambió su situación, adquiriendo derechos ciudadanos como el voto universal, la tenencia de tierras con el rango de campesinos, con el dicho “la tierra es de quien la trabaja”. Con estos principios se creó el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), que va distribuyendo las tierras fiscales para la producción agropecuaria.
En esta forma nació el indigenismo o campesinado nacional, asentado particularmente en el altiplano andino u occidente de Bolivia. Al calor de los problemas sufridos por los indígenas, apareció en Bolivia, en el departamento de La Paz, localidad Achachi de la provincia Omasuyos, un grupo de campesinos organizados, que se atribuye la representación de los pueblos aymaras, denominado Ponchos Rojos, que propala su vigencia en toda Bolivia y países vecinos. Sus personeros afirman que es un movimiento reivindicacionista de sus derechos como pueblo indígena y luchan para hacer respetar sus principios.
Cada uno de ellos viste un poncho grande de lana de oveja que tiene en el centro una abertura para pasar la cabeza y cuelga de los hombros más debajo de la cintura. Su color rojo significa que son radicales, revolucionarios y decididos a tomar medidas trascendentales. Usan sombreros oscuros y con gorro o lluchu multicolor, portan fusiles mauser con entrenamiento guerrillero, para hacer desplazamientos rápidos. A veces portan chicotes. Sus integrantes se desplazan a donde creen que es necesaria su presencia. En sus marchas difunden cantos alusivos que les da una aureola llamativa.
Las Fuerzas Armadas, institución tutelar de la Patria, contemplan a este grupo fuera del orden institucional, por lo que su accionar es visto con recelo y por ello la ciudadanía no vio con buenos ojos que dos de sus altos miembros lucieran ponchos rojos en un acto público realizado en Achacachi, ya que se considera que todo tiene su lugar. Los Ponchos Rojos mientras no den muestras de ser un grupo guerrillero activo, podrá ser considerado un grupo de idealistas campesinos que buscan la reivindicación de sus principios. La ciudadanía espera un comportamiento enmarcado dentro de las leyes de la República y no que entre como un movimiento ULTRISTA, porque el mensaje de los bolivianos es claro: Bolivia no necesita grupos irregulares, sino paz y seguridad interna y externa.