Una OMS de todos y para todos
Samuel Mendoza
El próximo lunes 29 del presente mes se efectuará una nueva Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en la que, como es habitual, se tratarán asuntos de gran importancia para toda la humanidad, particularmente en nuestro tiempo actual cuando arrecian las epidemias y muchos pueblos son víctimas de enfermedades que, como el Sida, el cáncer de todo tipo, la leucemia, el Parkinson, la diabetes y varias, o muchas otras que están diezmando a muchos pueblos, por cuanto no se ha logrado aún descubrir vacunas ni, mucho menos, remedios para controlarlas. Pero sí, lamentablemente, se ha avanzado mucho y se sigue avanzando, en la fabricación de armas cada vez más mortíferas como si las grandes potencias estuviesen preparándose para la guerra.
La OMS es el organismo encargado de fomentar la investigación destinada a librar a la humanidad entera, sin discriminaciones de ninguna clase, de los males que aquejan a la salud. De ahí que ese organismo mundial debe ser de todos y para todos. Ocurre, sin embargo, que hay un país, aislado en una pequeña isla de 36.000 kilómetros cuadrados y con 23 millones de habitantes, a la que se ignora sistemáticamente y se le priva de los beneficios de la salud y, lo que es peor, se le priva de contribuir a la salud mundial, pues posee incalculables estudios científicos que bien pueden ayudar a librar de enfermedades mortales a pueblos en desarrollo o subdesarrollados de África, Asia y América Latina.
Se trata de la República de China-Taiwan, en el extremo oriental del continente asiático, a la que se le impide ingresar como miembro pleno a ese organismo internacional como a otros dependiente de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Y, ¿por qué? Simplemente porque al régimen de la China continental (comunista) no le da la gana de reconocer los derechos que 23 millones de chinos de Taiwán tienen como seres humanos, alegando que es parte de su territorio. Pero ignorando que Taiwan, desde que allí se instaló la República (nacionalista) de China, hace más de 50 años, jamás ha dependido ni económica, ni social ni culturalmente del comunismo chino. En consecuencia, es nada más y nada menos que un crimen el que comete el régimen de Pekín-China y, lamentablemente también, la OMS, en particular, y la ONU, en general, al no permitir la incorporación de Taiwan a los organismos internacionales.
Dice muy bien el alegato del Gobierno de Taiwan que “la medicina, la salud, el cuidado médico y la prevención epidémica, no conocen fronteras”. De ahí que, ante la aparición de epidemias de gran peligro, “Taiwan no puede seguir siendo el único hueco en el sistema global de salud”. Y es que Taiwan no sólo reúne todos los requisitos para convertirse en un Estado miembro de la OMS, sino que tiene plena capacidad para cumplir las obligaciones de cualesquier miembros. En consecuencia, la OMS debe descartar factores políticos, impuestos por Pekín, y permitir la incorporación de Taiwan a esa entidad. No es posible seguir ignorando la existencia de 23 millones de seres humano y de un país que desde hace muchos años, se ha erigido en una verdadera potencia mundial en diversos campos de la ciencia, la técnica, la medicina, la agricultura, la seguridad social, la cultura y muchos otros.
Debido a la terquedad del régimen totalitario de Pekín y la sumisión de los organismos internacionales a sus dictados, se está privando a la humanidad de los grandes y extraordinarios progresos que Taiwan está logrando en el campo de la medicina. ¿Hasta cuándo? Será hasta que todos los demás países decidan, finalmente, dotar a Taiwan de sus derechos en la comunidad internacional, e incorporarlo como miembro pleno y útil por el bien común, cuanto antes, mejor.
El Gobierno de Taipei-Taiwan por su afán de servir a la salud mundial, ofrece inclusive reducir su participación en las Asambleas de la OMS, a la condición de simple observador. Está en su derecho, y de ese derecho no puede ni debe privársele. No se debe olvidar que “el objetivo esencial de la OMS es el de alcanzar el grado máximo posible de salud para la humanidad”, y no es posible olvidar que Taiwan es parte de la humanidad. Aunque nuestra Cancillería y el Gobierno actual, han aislado virtualmente a los representantes de Taiwan en Bolivia, no está demás recomendarles que procuren abogar por la incorporación de ese pequeño gran país a la próxima Asamblea General de la OMS como un acto de servicio a la salud mundial. Porque la OMS debe ser de todos y para todos por igual, en resguardo de los derechos humanos.