Bolivia, 13 de mayo de 2008
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Los ataques del Presidente

Ante la confrontación, que conduce a la pérdida de valores del agresor, surgen el diálogo y la concertación para lograr entendimiento, que es de donde salen resultados de consenso y conciliación de las propuestas en discusión. Lo extraño es que en el Siglo XXI existan partidos y líderes políticos que cultivan una especie de ideología de atacar por atacar utilizando un doble discurso, es decir aparentan interés en el diálogo y la solución de los problemas que pueden existir, pero poco después de haber mostrado esa conducta conciliadora, hacen y dicen lo contrario y recurren a los ataques y al enfrentamiento, con o sin motivo.

Eso es lo que viene ocurriendo con el presidente Evo Morales Aima, quien de manera sorpresiva cambia de posición, porque primero quiere aparecer como concertador u estadista abierto a la discusión civilizada, a buscar soluciones a los problemas que afectan al país y también se presenta como víctima de sus opositores y esto lo amplifica en el exterior. Pero aprovecha la primera concentración de campesinos o pobladores del área rural para denostar a quien él considera enemigo y le obstaculiza gobernar. Definitivamente no acepta las críticas, las recomendaciones y observaciones a su mandato gubernamental, por ello lanza insultos y ataques a quien considera que se le está poniendo al frente o no está alineado a sus propuestas. En ese orden los primeros ataques fueron a los líderes de los partidos de la oposición, luego a los empresarios, a los prefectos y comités cívicos que se le oponían y ahora a la Jerarquía Eclesiástica de la Iglesia Católica, sin dejar de mencionar los atropellos sistemáticos y violentos a periodistas y medios de comunicación,

Llaman la atención los ataques que hace a la Iglesia Católica, cuando la acusa de ser un “sindicato opositor” a su gobierno, por el deber cívico que tienen los miembros de la Jerarquía Eclesiástica de dar su voto en una consulta popular. El Jefe de Estado no tiene atribución para decidir qué hará o no el ciudadano boliviano, sobre todo en un estado de derecho donde todos son libres de hacer lo que mejor les parezca en el marco del buen comportamiento y la legalidad. Parece que el Jefe del gobernante Movimiento Al Socialismo como no puede controlar a sus militantes y afines, opta por lo más fácil, criticar y censurar a quienes nada tienen que ver con el Gobierno y menos con sus enfrentamientos con sus oponentes. Lo que está haciendo el Primer Mandatario es caer en la exageración que nada bueno trae consigo.

Lo que tiene que hacer el Presidente, en vez de jugar fútbol y politizar todos los problemas que se le presentan, es buscar las vías que lo conduzcan a un diálogo sin condicionamientos, además tiene que dejar de lado el rencor, el autoritarismo y los ataques a los que está acostumbrado y empezar a gobernar, a resolver los conflictos, buscar el bienestar de todos. Si realmente está interesado en dialogar con sus oponentes, debe dejar de lado los insultos y la provocación. Conocemos cómo está actuando la oposición en contra del Gobierno, pero los propios gobernantes con sus errores proporcionan a sus adversarios elementos de protesta.

Los ataques lanzados por el Gobierno en contra de sectores de la sociedad son bien utilizados por los opositores, los que aprovechan los yerros que cometen los gobernantes para defenestrarlos y mostrarlos ante la opinión nacional y mundial como una administración gubernamental autoritaria, soberbia, ineficiente, carente de gente que pueda cooperar con el Ejecutivo, porque recurre a la improvisación, por cumplir con los compromisos contraídos con los llamados movimientos sociales, muchos de los cuales aún reclaman los cargos ofrecidos. Es el caso de los dirigentes del oficialismo de El Alto que esperan que se les proporcione los ministerios convenidos, aunque quienes están en el poder niegan haber hecho tales ofertas electorales.

La forma de solución de la crisis es el diálogo, sin apasionamientos ni aceptando lo que no se puede cumplir. Por lo tanto si el Gobierno considera que es imperioso en la coyuntura actual abrir el diálogo, tiene que ser de cara al pueblo, sin subterfugios y con facilitadores válidos y que tengan credibilidad en la población. Para ello se tiene que dejar de lado los ataques e insultos. La solución de los problemas será posible respetando las reglas del juego y actuando con transparencia, en caso contrario la crisis se irá agravando peligrosamente.

 



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