EDITORIAL    

Selección de candidatos para el Poder Legislativo



A pocos meses de las elecciones de octubre, se anuncia por parte de varios grupos políticos que estarían en plena elección de posibles candidatos para integrar ambas cámaras; pero existe en la población el temor de que se repitan errores pasados al designar “a dedo” a candidatos que solamente sean escogidos o elegidos por las cúpulas partidarias sin considerar si ellos cuentan con los méritos y condiciones mínimas para cumplir las funciones de senador o diputado.

Innegablemente, habría poco tiempo para enmendar un grave error como el que se comete al designar “a dedo” a senadores y a diputados plurinominales y no sean elegidos por méritos y condiciones idóneas por la comunidad a la que deben representar. El hecho de que senadores sean elegidos simplemente por voluntad del jefe o comité político partidario es un error, porque normalmente los resultados son negativos, puesto que, con raras excepciones, la mayoría no tiene capacidad para desempeñar debidamente la función.

Se necesitaría cambios constitucionales para que todos los componentes de las cámaras sean elegidos por el voto y previa campaña que hayan hecho los interesados demostrando sus méritos y condiciones para desempeñar labores tan importantes, porque se ha comprobado en muchas gestiones que en la mayoría de los distritos “nadie conoce al senador o diputado que lo representa”. Por otra parte, “jamás se ha tenido la visita de un diputado a quien se le encomiende alguna labor que debería cumplir en la cámara”. Estas son realidades que nadie puede negar y menos los senadores y diputados que han sido elegidos por sus jefes tan solo por intereses y conveniencias.

Levantando una estadística amplia y clara de la labor que cumplen los senadores y diputados designados “a dedo”, se llegaría a la conclusión de que muchos, sino es el total, no cuentan con los merecimientos e idoneidad necesarios para tareas tan importantes, puesto que en cada legislatura y muy especialmente en la actual se denuncia que los legisladores “trabajan pocos días al mes y dedican su tiempo a visitas al distrito que les corresponde o simplemente piden licencia para atender cuestiones personales” y por ello perciben sueldos que son muy altos.

Cada candidato a ser legislador debería informar públicamente sus condiciones profesionales, experiencias y capacidad, conocimientos legales e intenciones de lo que piensa y cree que debe cumplir en las cámaras; por simples razones de moral y vergüenza personal, cada uno debería empeñarse para que la colectividad sepa cabalmente quiénes ocupan los asientos (no curules) en las cámaras y, además, informar mensualmente, por los medios de comunicación, qué labor han cumplido, a cuántas sesiones asistieron y cuál fue su desenvolvimiento. Ambas funciones no deben ser simples premios “del partido” sino reconocimiento a méritos y condiciones muy dignas.