EDITORIAL    

Partidos sin programa y programas sin partido



La nave de la nación boliviana navega al garete, sin destino a puerto conocido y sin timonel y sin timón, como opinan analistas políticos que hacen conocer sus apreciaciones por medio de órganos de prensa. Ese punto de vista parece exagerado, pero, como se cumple en alguna medida, es necesario tomarlo en cuenta para que el país encuentre rumbo definido y, al mismo tiempo, la opinión pública en general se atenga a programas concretos y no ambiguos.

Es conocido que los partidos políticos que existen en el país y que participaron en las elecciones de octubre pasado, presentaron al Órgano Electoral sus respectivos programas de gobierno, o sea lo que se proponían hacer en caso de ganar en las elecciones.

Esos programas de gobierno, algunos ampulosos y otros más limitados, ofrecían la realización de obras, solución de problemas locales y, en lo principal, ofertas de salud, obras públicas, construcciones sanitarias, lucha contra el narcotráfico y otros temas de menor cuantía. Esas ofertas eran concretas y carecían de conclusiones lógicas, vale decir, no proponían conceptos generales o, lo que es lo mismo, no llegaban a especificar términos que generalicen sus ideas y ofrecimientos y los presenten en conceptos que estén al alcance de sus simpatizantes y de la población que deseaban seducir.

Se trataba, pues, solo de programas de gobierno y no programas políticos de amplitud que contemplen su contenido en pocas palabras, una síntesis conceptual que englobe grandes aspiraciones históricas, sociales, políticas, etc. En esencia, se trataba de un caso de partidos sin programa político.

Entre tanto, mientras los partidos políticos enfrentaban esas omisiones, por otro lado, la realidad nacional mostraba un programa de grandes asuntos económicos que no había quién los represente y plantee su solución. En efecto, se había perdido la perspectiva histórica y solo se veía la parte, pero no el todo. Al contrario del caso anterior, en esta oportunidad se trató de que existieran programas, pero no existían partidos.

Esas premisas generales permiten señalar que en el pensamiento político boliviano existen algunas deficiencias que impiden el ofrecimiento de soluciones generales que engloben en su contenido los problemas específicos de nuestra realidad y, a la vez, sirvan de programa político y no solo de programa de gobierno, única forma de hacer avanzar la lucha política a nivel nacional. Así se podrá esperar que el país tenga partidos con programa político y programas políticos con partido.