jueves, abril 3, 2025
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La producción de una hamburguesa requiere 3.750 litros de agua

“Una dieta vegana es probablemente la mejor forma de reducir tu impacto en el planeta Tierra”

Una dieta vegetariana o vegana es beneficiosa para la naturaleza porque utiliza de manera más eficiente los recursos escasos como la tierra y el agua, ejerciendo una menor presión para ampliar la frontera agrícola, a comparación de una dieta con productos de origen animal cuyo procesamiento termina deforestando, degradando y contaminando los suelos, el agua y el aire.

Según Pooler y Nemecek, “la producción de carne, lácteos y huevos, así como la acuicultura, utilizan alrededor del 83% de las tierras agrícolas del mundo, pero proporcionan solo el 37% de las proteínas y el 18% de las calorías”.

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) ha estimado que solo la ganadería contribuye con un 15% parte de gases invernaderos. Joseph Poore, investigador de la Universidad de Oxford afirma que “Una dieta vegana es probablemente la mejor forma de reducir tu impacto en el planeta Tierra”.

En el Boletín No 13 de la revista Tunupa de una fundación boliviana, se calculó que para producir una hamburguesa de 250 gramos se requiere 3.750 litros de agua (cultivo y pastoreo) y 15 metros cuadrados de tierra.

Nueva Fundación

La misión de la “Fundación Desarrollar” es ayudar a que nuestro país alcance un verdadero desarrollo sostenible; pero sobre todo a que la sociedad civil conozca que nuestra naturaleza, bosques y especies animales son protagonistas activos de nuestro bienestar y que tenemos el poder de influir en su preservación.

En las próximas semanas, esta nueva organización iniciará campañas de concienciación en favor de una vida más sana y el respeto por la naturaleza.

Protección de la naturaleza es una urgencia

Durante los últimos años, nuestro país ha experimentado sequías, heladas e inundaciones con cientos de comunidades, tierras y miles de damnificados. Si bien no son fenómenos recientes, la intensidad y los cambios de patrones en el clima están consolidando una tendencia desfavorable al país. Solo en Santa Cruz y en el Chaco, se han registrado temperaturas de hasta 45 grados con el riesgo a futuro de convertirse en zonas áridas.

El 2024, siete de nueve departamentos fueron afectados por intensas lluvias, declarándose zonas de desastre a más de 155 municipios y 4330 comunidades. Pese a las lluvias, el viceministro de Defensa Civil, Juan Carlos Calvimontes alertó que “Después de las intensas lluvias vamos a vivir un periodo de sequía que en alguna zona va a ser extremadamente crítico”.

Oscar Mendoza, especialista en Estrategias de Gestión del Riesgo y Resiliencia de la FAO – Bolivia, destaca una sequía prolongada que empezó en junio de 2022, relacionada con los incendios forestales y con efectos negativos en los cultivos en general y en la seguridad alimentaria.

El cambio climático en nuestro país también ha llevado a otros investigadores a estudiar la relación de causa y efecto entre deforestación del Amazonas y los extremos climáticos, por medio de modelos climáticos y datos satelitales. Spracklen, Arnold y Taylor de las universidades de Leeds y Oxford de Inglaterra, encontraron que “la deforestación de los bosques de la Amazonía y el Congo podría tener consecuencias catastróficas para personas que viven a miles de kilómetros en los países vecinos”. Su estudio destaca que “las precipitaciones que recibe Bolivia, incluso en sus regiones de valles, cordillera y altiplano, en su gran mayoría vienen del lado amazónico”.

Incendios forestales en contra de la seguridad alimentaria

La deforestación de los bosques húmedos y tropicales en un país que era considerado el entre los primeros 10 del mundo con mayor superficie boscosa, ha tenido como fin convertir esas tierras en superficies destinadas a la ganadería, la agricultura, la minería y otras actividades.

El Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA) estima que el 57% de las áreas deforestadas se destinaron a la ganadería, cuyos productos abastecen el mercado interno en una proporción de un 90 a un 95% de acuerdo al viceministro de Desarrollo Agropecuario, Álvaro Mollinedo y otras fuentes.

El porcentaje restante de esa producción tuvo como destino la exportación a China, una actividad que según el gobierno representa el futuro de las exportaciones no tradicionales, pero es hora de preguntarse cuál es el precio a pagar si existen costos que no estamos cuantificando relacionados al cambio climático, la destrucción de las cadenas productivas, la pérdida de vidas humanas e infraestructura. Las cuentas gubernamentales tampoco están internalizando la posibilidad de llegar a un punto de no retorno en que la naturaleza no pueda recuperarse.

Y si bien el consumo per cápita de carne en Bolivia no es elevado en comparación a otros países, la nación es la más vulnerable de Sudamérica al cambio climático provocado por la deforestación de sus bosques según el El índice ND-GAIN de la Universidad de Notre Dame.

En años pasados, nos hemos sentido impotentes ante los incendios forestales y la trágica perdida de su biodiversidad, pues normas y políticas estatales han incentivado el desplazamiento masivo de personas del occidente al oriente boliviano, colonos que al igual que algunos ganaderos y empresarios, propiciaron las quemas de bosques, desconociendo que lo más importante que tenemos son nuestros bosques, la tierra, el acceso al agua y circunstancias climáticas que nos permitan producir y vivir en paz. Necesitamos seguridad alimentaria, proteínas y nutrientes en nuestra alimentación que pueden obtenerse de fuentes vegetales abundantes en todo el país. Podemos ser el punto de inflexión, el comienzo del cambio, comenzando de nuestra alimentación.

Bolivia puede transformarse en el granero de Latinoamérica, en una potencia exportadora de alimentos orgánicos, cereales andinos y frutos tropicales generando desarrollo sostenible. En nosotros, como sociedad civil reside la capacidad de hacer una diferencia en nuestro destino y en el de nuestra biodiversidad.

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