Llamaré Estado inoportuno a la presencia del Estado donde no debe estar y ausente donde sí se lo requiere. Un ejemplo de esta presencia inoportuna está en la sobre regulación a la actividad de profesionales independientes sobre ingresos (IVA 13% + IT 3%, además de impuestos trimestrales sobre el NIT, incluso cuando no hay actividad). Digamos que, si un profesional genera Bs. 2000, casi un cuarto se va al Estado, esto es injusto comparado con otra actividad económica, como es la minería aurífera, que tributa sobre un IVA de 4,8% con ingresos millonarios y con total ausencia estatal en la regulación medio ambiental.
El Estado está inoportunamente presente en la ideologización de contenidos en la educación primaria y secundaria, pero ausente para mejorar las competencias, ya que actualmente la educación “descolonizadora” no mejoró la educación y la prueba es que estamos a la cola, según calificadores internacionales de educación, como el sistema de evaluación PISA. Por eso es que la educación debe ser libre y no monopolio de un sindicato. Hay tantos profesionales en áreas sociales o científicas que bien podrían suplir a los mediocres maestros dando clases a grupos reducidos en los barrios, con pagos y registros electrónicos para reducir el papeleo, para que el estudiante se presente directamente a un tribunal examinador a la edad que quiera, en el tipo de bachillerato que elija y problema resuelto. En su tiempo libre puede fortalecer su cuerpo en gimnasios o en centros de entrenamiento.
El Estado tiene una presencia inoportuna, compitiendo con las iniciativas privadas, cuando hace cartones, botellas, leche, azúcar, o distribuye carne o arroz, cuando su función debe ser la de dar condiciones al emprendedor, no ser su desigual competidor, ¿para qué? El actual proceder ha conducido a la creación de auténticos elefantes blancos, es decir empresas estatales deficitarias, que son botín para transitorias autoridades que, no contentas con los altísimos sueldos que perciben, se dedican a licitaciones fraudulentas y adquisiciones sobredimensionadas, para sacar aún más redito de las arcas públicas. No se quiere decir que el Estado deba estar ausente, pues se necesita regulaciones que tengan fuerza de ley para no afectar derechos individuales o colectivos, sino que las funciones del Estado deben ser de alta especialización en sus servicios públicos y para eso se requiere que se restituya la carrera administrativa, así el servicio público no será para dar cuotas de poder a improvisados.
Si de dinero se trata, existe mucha riqueza que el Estado en su ausencia no capta, como el dinero que mueve el contrabando y las drogas con capitales que distorsionan los mercados legales, por lo que el Estado tiene el desafío de regular estos mercados, legalizándolos o prohibiéndolos por completo, pues las soluciones intermedias no sirven más que para el tostado de café, el tostado intermedio que llamo tostado boliviano, que está entre el tostado europeo y el tostado americano.
Es una noción equivocada creer que estamos sentados en una silla de oro, pues los recursos naturales no son la riqueza de un país, sino los productos que se arrancan de la tierra, el trabajo y producción con valor agregado. Cabe aclarar que las cuentas fiscales tampoco son la riqueza del pueblo, sino el dinero del que dispone la gente en su bolsillo. Es una mala política que un Estado ponga dinero en el bolsillo de la gente (como en la Argentina kirchnerista), antes que propiciar que la gente genere su propio dinero. Y es que el Estado tiene que facilitar la creación de la riqueza privada y esto hará que el Estado tenga buena recaudación: Al contrario del Estado que exacciona al pequeño contribuyente, pero es ciego para los grandes capitales no declarados, que mueven sus fortunas en la banca y bienes raíces, lo que nos demuestra que no somos iguales ante la ley.
Otra ausencia notoria del Estado es el bajo presupuesto para salud, pero está presente inoportunamente cuando financia propaganda y comunicados gubernamentales a ser difundidos en los medios televisivos y varias radiodifusoras. Y presupuesta USD 500 mil, para 94 contratos de publicidad con 17 ministerios. Ese presupuesto puede ir re dirigido a reforzar el sistema de salud, pues es cruel el trato al pueblo cuando sufre un quebranto de salud, ya que tiene que esperar de manera humillante desde la madrugada por atención médica especializada y no puede ser tratado por falta de equipos médicos (como los tomógrafos), en un sistema de salud pública sobrecargado, porque otras son las prioridades del gobierno, como estar en permanente estado de campaña electoral o buscar grupos clientelares para beneficiarse de bolsones electorales.
Pues si un gobierno es bueno, será algo tan evidente que el propio pueblo brindaría su apoyo, sin necesidad de la sofronización de mensajes gubernamentales a la que se ve sometido por los mass media, pudiendo tener, como en Brasil, un canal donde sean transmitidas en vivo las sesiones legislativas. Es que, ¿para qué ver la misma noticia repetida una docena de veces en la Tv de señal abierta? Así el que quiera enterarse del quehacer político podría sencillamente poner el canal del Poder Legislativo o del Ejecutivo y con este recorte en información gubernamental, tal vez mejore la calidad de los canales privados de señal abierta, que hace rato dejaron de ser críticos y educativos, por su dependencia del Estado inoportuno.
La función del Estado, más que de un gerente omnipresente, debe ser similar al de un policía de tránsito o agente de parada, quien no repara en el tipo de autos ni en quienes lo conducen, sino que facilita el flujo de transporte, sanciona infracciones y evita atascos. Esto trasladado al Estado significaría una economía con un Estado razonablemente regulador, donde su función económica debe ser facilitar el flujo comercial como garante entre partes, con carreteras en óptimas condiciones y con acceso irrestricto a energía, no entorpecerlo con sobrerregulaciones y sobretributaciones y sancionar las infracciones cometidas contra los usuarios de bienes y servicios.
Además, el Estado debe tener un servicio civil altamente profesionalizado y de planta, cuyas funciones específicas deben ser la administración de la justicia, la regulación del sistema monetario y la seguridad interna y externa, pues multiplicar funciones hace que “el que mucho abarca poco aprieta”, lo que se traduce en un Estado que, al tener múltiples funciones, tiene gran presencia, pero poca fuerza de ley para hacer cumplir la Constitución y las normas sectoriales, como el resguardo de ecosistemas protegidos con las poblaciones contenidas en ellos.
Por eso el Estado oportuno debe tener pocas funciones, pero ejercidas con eficacia y eficiencia, para no malgastar presupuesto y recursos humanos. Así pasaremos de tener un Estado inoportuno a un Estado de acción oportuna, con una economía que facilite la creación de riqueza privada, que no dificulte los emprendimientos, no distorsionada por los mercados negros y paralelos, con una justicia ágil y transparente.