sábado, abril 5, 2025
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Embajadora del Ecuador se despide de Bolivia

Después de 33 años de impecable servicio en la carrera diplomática, la embajadora del Ecuador, Mirian Esparza, presentó su renuncia para acogerse a la jubilación. Fueron poco más de 2 años de permanencia en Bolivia, y en todo ese tiempo se dedicó a cultivar incontables amistades, mostrando siempre gran simpatía, carisma y sencillez, por lo que se ganó el cariño de todos quienes la conocieron.
Su despedida, en una recepción social ofrecida en los jardines de su residencia, estuvo llena de sentimientos encontrados, junto a su esposo Bruno Jouannem, también diplomático, ambos recibieron manifestaciones de cariño y mucho éxito en sus nuevas actividades.
Y recopilando siempre la sabiduría popular de su abuela, plasmada en el libro de refranes y dichos «Como decía mi abuela», presentado recientemente en La Paz y Sucre, la Embajadora recordó que «Cuando hay higos en la huerta hay amigos en la puerta, se acabaron los higos, se fueron los amigos. «Pero en esta ocasión no se cumplirá esta sentencia porque quiero que tengan la certeza de que siempre en nuestra puerta habrá hijos para cada uno de ustedes», dijo, en parte de su emotivo discurso.
La diplomática agradeció por todo el cariño y amistad prodigados desde el primer día que pisó tierra boliviana, junto a su esposo, y le enseñaron a querer este mágico país, dijo.
«Han sido dos años de un largo aprendizaje, no solo profesional que ha enriquecido mi carrera diplomática, sino también un tiempo de valorar ese ser humano que he descubierto en cada uno de ustedes», manifestó la diplomática y comentó que a partir de abril será una feliz jubilada para enfrentarse a nuevos retos y responsabilidades que cumplir en las playas de Alicante y del Ecuador.
Finalmente, la Embajadora agradeció a su equipo de colaboradores por su compromiso y lealtad, como también a los cónsules honorarios en Santa Cruz, Carlos Pinto, y en Cochabamba, Danica Yacksic, a la comunidad ecuatoriana, por estar siempre presente en todas las actividades organizadas por la Embajada, a su hija Daniela, por acompañarla en sus primeros años de aventura diplomática, cuando emprendieron su primer destino rumbo a República Dominicana, y a Bruno, su compañero de vida en los últimos 18 años, por su tiempo y paciencia.
Para cerrar su discurso, la Jefa de la misión ecuatoriana parafraseó la antigua bendición irlandesa «que la tierra se vaya haciendo camino ante sus pasos, que el viento sople siempre a sus espaldas, que la lluvia caiga suavemente sobre sus campos y hasta tanto volvamos a encontrarnos, que Dios los tenga siempre en la palma de su mano».
Un almuerzo buffet con variedad de delicias fue el marco ideal para compartir los últimos días con los embajadores Mirian y Bruno.

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