jueves, febrero 27, 2025
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¿Al hospital?, ¡no!

Ernesto González Valdés

Posiblemente para muchos la palabra hospital es una señal de peligro, inclusive de miedo –no exclusiva para pequeños–. Hace poco, un amigo, algo mayor, me comentaba que le habían hecho una placa y que tenía terror de conocer el resultado. En fin, la preocupación era latente, hay quienes se encomiendan al Señor, otros a lo que suceda, y otros a la satisfacción de haber vivido tantos años, pero no así cuando se trata de un niño o niña.
¿Por qué para los más pequeños de la casa pudiera ser mucho más traumatizante entrar a un hospital? Primeramente, el niño se encontrará en un entorno extraño, con personas que no conoce, y eso lo hace sentirse solo e inseguro.
La estancia puede convertirse en una experiencia traumática que genere estrés y ansiedad. Por eso es muy importante preparar a nuestro hijo para esta nueva situación.
A lo anterior podemos sumar (de ser internado) la separación de los padres y del resto de la familia.
¿Qué hacer para contrarrestar dicha acción? Los padres y madres, hermanos, familiares, intentemos pasar todo el tiempo posible con él, apoyándolo y animándolo, evitando caer en la «sobreprotección», para no interferir en su tratamiento y hacer que se acostumbre a ser el centro de nuestra atención.
Esta actitud excesivamente protectora puede alterar la relación de nuestro hijo con quienes en el hospital lo cuidan (doctores, enfermeras…), que lo consideran como un paciente más, y puede hacerle reaccionar con una actitud de rechazo, por considerar que no le prestan atención especial.
Las indicaciones médicas también supondrán un cambio importante en el comportamiento del niño. El descanso en cama impuesto, el tener que disminuir el nivel de actividad al que está acostumbrado, los medicamentos… suponen un esfuerzo importante, sobre todo si él no nota excesivo malestar físico.
Si los padres optamos por no hablar con nuestro hijo sobre el tema, esto podrá fomentar interpretaciones erróneas sobre la situación, generando aún más respuestas de ansiedad y estrés. Podríamos darle el valor necesario al “paciente”, con frases auto instructivas, tales como: “puedes entrar solo”, «no vas a tener miedo», «siéntete tranquilo», «pronto habrá pasado todo»…
Y tal vez lo más importante es la propia ansiedad que expresamos los padres ante la preocupación por el estado de salud de nuestro hijo, que, aunque no sea explícita, será otro factor que generará estrés en el niño.
Diversos estudios manifiestan que, si a los adultos se nos ayuda y enseña a controlar nuestros miedos y ansiedades, evitaremos transmitírselos a nuestro hijo.
Recuerde que una buena adaptación a la nueva situación de hospitalización puede producir en nuestro hijo unos beneficios no sólo psicológicos sino también físicos.
Ofreciéndole apoyo emocional y la información adecuada, podemos suavizar su estrés e, incluso, ayudarlo a una pronta recuperación.

El autor es Licenciado en Ciencias Pedagógicas.

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